24.2.10

Templo San Juan Bautista de Carache




RESEÑA IGLESIA COLONIAL


(Texto de la Iglesia Colonial por Rodolfo Minumboc)En la colonia y años independentistas, las campanas se mezclaban a las trompetas de los guerreros. Ellas son hijas del cielo que desde el campanario sueltan su cascada melódicas en las horas fortuitas, toque de esperanza para llevar por el viento azules noticias. En los aros de mi niñez tuvo el acorde de la campana de nuestra señora de la Altagracia. Fundida en España en 1774, la pieza de un valor inestimable y sentimental, estuvo abandonada y luego felizmente salvada, dado su peso, de ser robada a nuestro hoy escaso patrimonio. El 22 de Abril de 1973, con la colaboración de Hermes Gudiño, la coloque de nuevo y en esa pascua de Resurrección, mi corazón saltaba por las constelaciones como incensario que rendía humo y sagrados sones al pasado, del cual nunca podría ser yo un emisario olvidadizo. Fosforescentes recuerdos me llevaron esa noche como una mariposa de trementina y mi visión de pintor se lleno de polvo de fuego que, al desprenderse del cirio, me transporto a un eclipse y en el total recuerdo puede reconstruir nuestra iglesia colonial.
En el exterior de su fachada de sencilla horizontalidad, nacía el techo de tejas que tenia algunas decoraciones sobresalientes en mampostería. La puerta ovalada en la parte superior, era bastante alta pues permitía en semana santa la salida de la Dolorosa cuyo palio y mesón eran de una dimensión considerable. Formaba el quicio una inmensa laja de color pizarra. El interior, a tres naves con pavimento de ladrillos, con excepción de la capilla central y de la Dolorosa que posteriormente fueron, por desprecio al ladrillo, pavimentadas en mosaicos de colores por el padre José Isaías Sánchez. Los gruesos y altos pilares procedentes de vetustos árboles talados en la colonia, reposaban sobre base de piedra y eran semejantes a aquellos de la historia catedral de Trujillo.
Al entrar en la nave derecha, la primera puerta correspondía al campanario; este era bastante elevado y como mantenía relación con la capilla central daba a la construcción una elegancia. Continuando y pasando por el bautisterio, se seguía a la segunda capilla, consagrada y en honor a la Santísima Trinidad a cuyo cuidado se dedicó la eximia Guadalupe Román Colmenares, fundadora de la sociedad de las tres Divinas personas o misterio augusto, como ahora dice Trina de Pérez, sucesora en la misión. De la tercera, dedicada a San José por los artesanos presididos por Don Andrés Infante Hernández, debo destacar la imagen del santo, hecha en madera de cedro, con trajes de tela encolada por Melitón Aponte, a quien se debe un considerable numero de retablos y pequeñas esculturas sacras.
Entre la capilla citada y la cuarta, existió el altar de la Asunción, obra del ebanista merideño de apellido Picón. La imagen de la Asunción, obra realizada en Carache por escultor Pino, también Merideño, para la cual poso doña Ismenia Arrieche de Andrade. Fue de una gran belleza, hoy lamentablemente dañada por el retoque. Esta obra fue costeada por la ilustre familia Quevedo Vitoria. La cuarta capilla, llamada de Doña Lucía, no era exclusividad de ningún santo; allí habían sido colocados varios, entre ellos, Jesús atado a la columna, el nazareno, Jesús en el huerto y nuestra señora de las mercedes, obras igualmente de factura carachera. El pavimento de la capilla estaba cubierto de lápidas pues en el subsuelo reposaban los restos de meritorios ciudadanos como el general Rafael Román, bachiller Fortunato Piedra y los esposos Pacheco Rojas, padres del autor de la letra del himno del Estado. A la entrada, y aprovechando su nivel un tanto alto, se la convertía en coro; allí un viejo y grande armonio coronado por un cromo de Santa Cecilia, acompañaba los oficios litúrgicos.
Entre los coristas, como llamábamos a los maestros de capilla, se recuerdan a Manuel Felipe Pacheco, de voz extraordinaria, que cantaba con entonación especial el “Salustaris Hostia” y el triunfal “Lauda” de las bendiciones eucarísticas. También a Ramón A ponte Cardozo y la inolvidable Beatriz Quevedo, secundada por Isabelita Sánchez Ostos y mis primas Georgina y Mariana Bracamonte Leal y Ana Manuela Sánchez Benítez.

La cuarta capilla, que no gozaba de ninguna gracia arquitectónica, tomó el nombre de doña Lucía de Román, por el motivo siguiente. Dadas sus prácticas piadosas, aquella meritoria matrona de su tiempo, asistía todas las mañanitas a misa, mientras en su casa, que distaba poco de la iglesia, la servidumbre preparaba una buena jarra de café, la que era llevada a la capilla por una da las siervas al momento de la consagración, señalada por unos lentos golpes de campana. Como se supone, el confortante tinto despertaba el olfato y disturbaba el recogimiento sacramental de la comunicación. Al “Deo Gracias”, doña Lucía invitada a algunas señoras, de ésas que temen las corrientes de aire, a fortificarse con una tacita del café recién salido de la larga bolsa de liencillo en donde era colado. Entre éstas se contaban algunas inmensas viudas, sus compañeras, que con su negro atuendo y perenne velo de múltiples flecos, guardaban fidelidad hasta la muerte a sus maridos. Teresa Montaña, que no había aprendido todavía el oficio de sacar huesos a los animales, ya hacía sus primeras roscas de agua de las cuales llevaba al pequeño desayuno algunas crujientes y apetitosas que doña Rufa de Perdomo, hermana de la anfitriona, ofrecía a la joven y futura catequistas Gregoriana Fernández Valladares.
En esta capilla terminaba la nave derecha adornada en el fondo por un vistoso altar de madera dedicado a Jesús Paciente, obra también de factura rústica pero muy querida y con muchos devotos por atribuírsele entonces grandes milagros como el de sudar copiosamente y de empapar motas y motas de algodón. Creo que la inmensa ternura de sus esclavas Toña Quevedo y Damiana Lugo, al igual que la gran Teresa de Ávila, hacían chocar sus corazones con tanto hervor equinoccial que Su Señor, inmóvil sentado en la piedra del suplicio, les quiso mostrar todo el dolor de mundo que sigue vigente en sus espaldas.
La nave central tenía dispuestos a ambos lados las bandas que, por haber sido hechas por diferentes carpinteros, no guardaban relación las unas con las otras. Eran hechas de acuerdo al número de miembros de cada familia las que, a veces, sin sentido de la estética, iban amarrando sucesivamente reclinatorios y sillas para sentar a sus lados a los criados.
Cada banda lleva escritos los dos apellidos de las familias, inscripciones que los muchachos y deletreábamos para distraer en la misa.
Al inicio de la nave y en los dos primeros pilares estaban las pilas del agua bendita en las cuales nos deteníamos a santiguarnos; éstas estaban adornadas con dos bellos nichos en madera y relieve de ángeles que contenían mediana imágenes de la Santa Familia y el San Antonio que ahora mueve la lotería de animalitos a Víctor Benítez, el sacristán. Cabe destacar que de las tres pilas de piedra de la colonia. Sólo se ha salvado la bautismal, obra tallada en un sólo bloque que, en el bautisterio de la nueva iglesia, constituye un detalle sobrio que armoniza con el óleo del Bautista pintada por José Juan Rodríguez.

De lo más importante del antiguo templo se recuerda el altar mayor de estilo barroco colonial, coronado por un medio sol que abarcaba las tres cuartas partes de su dimensión, seguido de una cornisa que dividía la parte superior en tres nichos, de los cuales el central correspondía a San Juan Bautista, el izquierdo a la inmaculada Concepción y el derecho al Corazón de Jesús. La parte inferior tenia solo dos nichos, de los cuales el central correspondía a San Juan Bautista, el izquierdo a la inmaculada Concepción y el derecho al corazón de Jesús. La parte inferior tenia sólo dos nichos, menos altos que los señalados antes y allí estaban pintados al óleo dos ángeles orantes.
El detalle principal de este altar estaba construido por cuatro columnas salomónicas talladas en madera con motivos vegetales, uvas y espigas doradas al fuego que tenían una dimensión aproximada de un metro y medio.

El sagrario que ahora se realiza en el monumento del jueves santo no es antiguo, pero es de gran calidad. Fue comprado en Italia por la adoración Perpetua a principios de siglo.

En la pared derecha existía una pequeña puerta que terminaba en cuarto de esfera antes del ingreso a la sacristía y que demostraba a la vez el espesor del tapial en tierra pisada, sistema de construcción utilizado hasta hace poco. En esa pared, junto a la pequeña puerta, estaba colocado un diploma que el Papá San Pió X en reconocimiento a la adoración perpetua.

De las escuelas no recuerdo el nombre de la de las muchachas que dirigió la insigne Guadalupe Román Colmenares, a quien todos con respeto llamaban “la niña”, denominación que yo excluyo para otorgarles a las mujeres más importancia civil que intima y no con el deseo de menospreciar sus grandes virtudes morales que en forma admirable mantuvieron las generaciones pasadas. Guadalupe Román Colmenares representa el puente entre el pasado y el presente, pues sus experiencias se proyectan hoy en la visión que de su figura han tenido nuestras abuelas y madres.
En ella cabe toda una época feliz y es la síntesis del fatigoso sacrificio de una vida dedicada por completo a la enseñanza, a la que elle se aparto con un amor profundo amor profundo en busca de las raíces espirituales que nos alimentan aun, pues muchos de sus árboles han florecido y de las flores vienen los frutos. Yo, con el recuerdo de su clara sintaxis, al pie de las columnas que conciertan un himno a la gloria del hombre, en mi pacifica conquista, rindo homenaje a su perfil de nodriza y maestra. Y a su sombra establezco un paréntesis para recordar al profesor Juan Antonio Román Valecillos, que en su espacio fue carachero de cada día para la ayuda a sus colegas que lejos de la burocracia necesitaban a un amigo y en el lo encontraron.
Entre las alumnas de la gran Guadalupe recuerdo a las señoras Maria del Rosario Vásquez de Pimentel, Crelia de Godoy y Maria de Paolini.
El 17 de Diciembre, en la mañana, cuando en la plaza se arreglaba un altar para la misa de réquiem por Bolívar, asistían en formación a ofrendar sus coronas hechas en bejucos forrados de musgos y cubiertas de cayenas, berberías y dalias. Al pie de la estatua en terracota, modelada por José Juan Rodríguez, hablaban dando alimento patriótico a los oídos que oíamos.
El bachiller Fortunato Piedra y más adelante su sobrino Jorge Sáez que, apesadumbrado, con voz brillante, pedía el minuto de silencio y, con la respiración corta, empezaba, fingiendo luto, las palabras de la ultima proclama.




La Iglesia una obra de arte
La Iglesia de San Juan Bautista de Carache, es un hermoso templo, cuya construcción data del año 1554, fue destruido parcialmente en el terremoto de 1854, en la época colonial se destaca por su sencilla fachada, con techo de tejas y decoraciones en mampostería, en donde resaltaba por su altura la inmensa puerta ovalada. En su interior se observan los espacios conformando 03 naves, con pisos de ladrillos que luego fueron estos sustitutos por mosaicos de colores, adornaban los altos pilares con bases de piedras, al final se encontraban las capillas que adornaban la iglesia, una central y varias hacia los lados, en donde permanecían algunas imágenes. A la entrada de la iglesia hacia los dos extremos existían dos pilares de agua bendita, una hacia cada lado donde los feligreses se santiguaban con mucha fe.
El altar mayor de estilo barroco colonial con cuatro columnas talladas en madera en ellas destacaban motivos vegetales uvas y espigas doradas al fuego.


Su amplia fachada en la que destacan sus tres grandes puertas de madera enmarcadas bajo techos de medio punto, sostiene una cornisa en la que se mezcla rectas y rectángulos y por encima da la cual se levanta una construcción a manera de retablo, formada por figuras geométricas rectangulares en cuyo centro se aprecia un óvalo perforado central que descansa sobre los arcos de dos ventanas acristaladas el cual se proyecta hacia lo alto de la cruz. Toda esta construcción cubre el espacio que media entre las dos torres que completan las fachadas, en la cuarta columna se aprecia un gran reloj, remata la torre en una cúpula en forma de campana, de la que se eleva una aguja que termina en una cruz, los elementos decorativos son particularmente columnas y ventanas bajo arcos de medio punto, en cuyo interior se pueden observar las campanas.
La restauración se le realizó a la iglesia en 1995 y hoy para orgullo Carachense, nuestro pueblo cuenta con una valiosa joya arquitectónica aún cuando no este terminada, grande es la alegría que todos sentimos al llegar a la pandita y visualizar a lo lejos nuestros campanarios, dicen los nativos y muy impresionados también los turistas al ver la fachada de nuestra reliquia, en la que incrustados esta un gran reloj, ambos en estrecha conjunción recuerdan a diario a sus pobladores para Juan Bautista.
Esta obra fue elaborada por algunos de los habitantes de Carache, guiados por el presbítero Juan de Dios Andrade párroco de esta localidad años 1945 a 1953, conjuntamente con los maestros de obra Amado Quintero, Plinio Paolini, siendo la decoración y creatividad del artista Ramón Ponce Briceño, nativo de Miquia, fue financiado por las cofradías, Caracheros y Campesinos que donaban frutos, madera, animales y dinero para recabar fondos con este fin. Varios retoques se le han hecho al interior del Santo Recinto: En el año 1984 se inauguraron varios remodelación del altar mayor presbiterio orientada por el párroco Mario Arias. En la actualidad bajo las orientaciones y gestiones del presbítero Francisco Linares, hijo nativo de este municipio, quien desde hace 06 años esta acompañándonos en esta hermosa tarea de la religiosidad, también fue remodelado el presbiterio en mármol puro, las bancas de madera que datan de los años 1957 – 1958, adquiridas cuando estuvo en la Santa Iglesia el Padre Antonio Ramón Morellos, fueron lijadas y pintadas. Hoy año 2008, se hizo posible el lijado y pintado de las bancas nuevamente, también bajo las gestiones del presbítero Francisco Linares. Cabe destacar; que relizó y supervisó el nuevo diseño de altar mayor la ARQ. JOSEFA MARIA GONZALEZ T, natural de Valera Edo Trujillo, nacida 13-05-65 y graduada en Noviembre del 1991en la Facultad de Arquitectyar de la Universidad de los Diagnóstico Andes ... Actualmente discapacitada 50% motora y 40% por enfermedad neuromuscular... con el proyecto de realizar los altares de esta bella iglesia...De igual manera reposan en la iglesia valiosísimas obras de artes colonial y moderno, como las del artista Rodolfo Minumbox, la pintura del bautismo de Cristo de José Juan Rodríguez y en su fachada principal se encuentra la Santa Imagen de San Juan Bautista adornadas con bellísimas decoraciones de la medalla de la gloria del maestro Ramón Ponce Briceño. Así mismo durante los años 2006 2008, el presbítero Francisco Linares de mil maneras un cariño para nuestra iglesia, logrando con su empeño la restauración de la pintura de toda la iglesia, con ayuda de la feligresía y la Alcaldía del Municipio Carache.

Iglesia San Juan Bautista de Carache 50 años de construida el majestuoso templo.
El jubilo que significa para la iglesia Católica el día de Cristo Rey, sirvió de marco para otra celebración especial como lo es el cincuentenario de la construcción del templo de San Juan Bautista de Carache. Luego de una hermosa homilía, a cargo del Francisco Linares, se realizó la procesión del santísimo donde participaron las diferentes cofradías que integran la parroquia, para dar paso a la develación de una placa donada por la fundación Carache en homenaje a quienes participaron en la construcción de tan importante estructura religiosa como lo son el presbítero Juan de Dios Andrade y Los Maestros Don Antonio Ramón Quintero, Plinio Paolini y Ramón Ponce, así como también al Pueblo de Carache cuya contribución hizo posible la obra.
“Han pasado ya muchos años de la construcción”, comentaban algunos de los asistentes al evento de celebración, a lo cual el maestro de la obra Don Antonio Ramón Quintero respondió en la propia iglesia: “Me parece que fue ayer cuando me subía a los andamios para levantar estos muros”. Todos los presentes se emocionaron ante estas palabras, tomando en cuenta que esta honorable persona tiene 101 años y goza de total lucidez. Previo a la develacion de la placa, le correspondió a Emiro González, emitir las palabras por parte de la fundación Carache, estuvo acompañado por la presidenta de esta organización Chapina Paolini y Fidelia Saavedra, secretaria ejecutiva.
Posteriormente el maestro Antonio Quintero leyó un emotivo discurso de su propia inspiración, además ambos recibieron un reconocimiento especial.
Es de destacar una de las anécdotas recordadas por el maestro Quintero, sobre lo cual narró: “… Luego de una operación de la visita que me realizaran en Mérida, durante la etapa de la culminación de la construcción, el médico me advirtió que no podría trabajar el día siguiente por el daño de la pasada del Páramo, sin embargo la premura era mucha y al día siguiente reinicie la s actividades. Plinio se encontraba terminando el friso de la nave central. De repente cuando yo estaba en el andamio me dio “cortamiento” (desmayo), allí fue donde Plinio se da cuenta y me agarra, evitó que cayera, dándole además un poco de café de un termo que acostumbraba a llevar siempre, eso me revivió. A Plinio luego lo nombraron para darle cuerda al reloj y desde ese entonces no supe más de él hasta hoy…” con estas palabras se interrumpió y tanto él como los presentes derramaron lágrimas de emoción.







Medio siglo imponente
“Para las fiestas Patronales de 1953, y tras siete años de intensa labor, quedó inaugurado el Nuevo Templo de San Juan Bautista de Carache, gracias a la tenacidad de Juan de Dios Andrade, quien logró motivar a toda la comunidad recabando fondos para llevar adelante esta Obra convertida en la mayor herencia artístico cultural de Carache y uno de los principales edificios patrimoniales del Estado Trujillo.
Juan de Dios Andrade: sacerdote merideño con estudios en el seminario Monte Mario de Roma, de amplia cultura, recio de carácter y verbo encendido, con empeño ilimitado se propuso edificar un nuevo templo donde estaba la vieja iglesia colonial deteriorada por el tiempo y los frecuentes temblores de la zona. Para cumplir su cometido, trajo de Mérida al alarife Antonio Quintero quién, hoy, a sus 101 años, recuerda como ayer esos años de tesonera labor. Andrade se empeñó en llevar adelante la obra, a pesar de los escasos recursos aportados por el Ministerio de Justicia, logrando motivar a todos los vecinos del vicariato quienes construyeron con sus cosechas y animales domésticos rifados en la Plaza Mayor junto al Bazar de la Casa Parroquial, atendido en primer momento por Beatriz Quevedo, para recabar los fondos requeridos por la obra, cuyas cuentas eran llevadas minuciosamente y anunciadas con vehemencia en el sermón dominical hasta la última locha.
También tuvo el acierto de reunir los mejores artistas de la comunidad para plasmar en sus muros y paredes una muestra representativa del arte local. Ramón Ponce legó para la posteridad la hermosa escultura de Juan el Bautista colocada sobre la imponente puerta de hierro de la entrada principal, también diseñada por él.



Plinio Paolini tuvo a su cargo toda la ornamentación del frontispicio y junto a Ponce, el acabado de arcas, pilastras, capiteles de columnas y molduras en paredes interiores; como también, la delicada colocación del reloj en la nueva Torre, con todo su decorado en alto relieve. No podemos dejar de mencionar que el reloj fue gestionando y traído a Carache por el artista Tomas Godoy. El mismo fue confeccionado en Suiza, consta de 5 campanas con peso de 480kgm, y con sonido de Catedral parecido al que existe en la iglesia de la Chiquinquirá de Trujillo.
Alfredo Capuzzo recién llegado de Italia, construyo la imponente puerta en hierro forjado con incrustaciones en bronce y junto con Poilini realizo la delicada tarea de colocar los magestuosos vitrales del altar mayor, provenientes de Austria”.
“Discurso de la fundación Carache”

Viacrusis viviente




Religiosidad Fiestas y Ferias

Cada año el valle de Carache se engalana para celebrar “El Día de San Juan Bautista”, Patrono de Nuestro Pueblo Carache.

El 24 de junio es una fecha predominante en la vida del Carachense, se conmemoran hechos por demás importante tales como: El natalicio de Nuestro Patrono San Juan Bautista, motivo de las festividades religiosas y populares, en donde se comienza a las festividades religiosas y populares, en donde se comienza a las 06 de la mañana con gran repique de campanas, fuego pirotécnicos, izamiento de la bandera, partiendo de que también se conmemora el mismo día una importante fecha histórica como lo fue “La Batalla de Carabobo”, y Día del ejercito Venezolano, conmemorándose el 18 de Junio la Batalla de Agua de Obispo.

La Santa Eucaristía se celebra generalmente con la presencia de gran parte de los pobladores Carachences, ya sea del pueblo en si, de los campos, lugares adyacentes y distantes, que ese día se acercan contando siempre con gran devoción, personas de toda Venezuela podrían decirse, hijos de Carache que hoy residen en otros lugares y los trae siempre su compromiso con el Bautista.

Las festividades religiosas y las fiestas de calle en honor al Natalicio de San Juan Bautista se han realizado en Carache, prácticamente desde la llegada de los españoles, con el adoctrinamiento de estos hacia Juan el Bautista, tomando este mayor auge desde que llegó a nuestro pueblo de España la talla en madera de la imagen del Santo, en las primeras épocas eran financiadas por las cofradías, podría afirmarse que eran poco comercializadas, porque en ellas predominaban lo religioso, aún cuando se contaba con las distracciones pueblerinas, comida, bebidas, juegos y fuegos pirotécnicos.

A tal efecto, en los documentos de archivo se prescribía que los gatos de estas solemnidades se tomarían de las rentas de los bienes de la misma imagen, lo que a partir de 1638 fue registrado en el tiempo del encomendero Luís Villegas Gudiño también se registró allí que estas celebraciones religiosas irían acompañadas de actividades tradicionales y populares más hacia lo mundano, tales como: vendimias con la presencia de comidas, bebidas, fuegos pirotécnicos, juegos tradicionales, toros coleados, baile del sebucán, noches de retretas, adornaban al pueblo, con gallardetes. La calle comercio y la calle libertad eran asientos preferidos para los toros coleados, pues eran de piedras y se preparaban palcos en cada esquina donde se apoltraban las hermosas muchachas con los tradicionales lazos de cintas y flores para el coleador que tumbara el toro frente al palco.

La Banda Gòmez, como se llamaba alegraba con sus clásicas notas a los pobladores incitándoles al disfrute y la recreación, el bullicio de las parrandas, los pirotécnicos, risas y gritos predominaban en las noches patronales de Junio donde para lucir las elegantes galas las muchachas danzaban al compás de la música con los muchachos que lucidos gastaban dinero ganado durante mucho tiempo para ese fin de goce y diversión con ruletas y confites, el muñeco ventrílocuo que vendía las pomadas de almendras, las piedras de imán, caracolitos con sorpresas, periquitos adivinos y todo lo que podían ofrecer los bazares de las esquinas, las calles adornadas con vistosos gallardetes y serpentinas llenos de coloridos, y en las tardes los palcos adornos con la presencia de hermosas jóvenes que impregnaban con sus fragancias los espacios, eran premiadas con hermosas cintas que ofrecían los jinetes, a lo que ellas aplaudían entusiastas, motivo tácito para que ellos establecieran el mágico reto de enfrentarse al toro, con los briosos caballos para obtener las más lindas cintas y acercarse así a alguna dama en especial.

No puede pasar desapercibida la retreta de gala, donde la Banda Municipal interpretaba algunas piezas musicales, contando con la presencia de muchas personas que vestidos de gala se paseaban por la plaza Bolívar de nuestro bello pueblo.

Se tenía por costumbre que el padre de la parroquia visitaba los diversos campos de la comunidad, realizaba misas y luego estos bajaban el día de San Juan. Todas estas manifestaciones culturales que se han venido realizando a través de los tiempos, se han tratado de mantener, rescatando muchas de ellas, como identidad local que caracteriza las raíces del Carachense y que nos debe acompañar a lo largo de nuestras vidas hoy, mañana y siempre. Hoy nuevamente se retoman esas visitas y celebraciones de Santas eucaristías en las diversas comunidades de nuestra parroquia, con el presbítero Francisco Linares, donde se nos ofrece la oportunidad de compartir las comunidades entre si como hermanos, se celebran las visitas de San Juan Bautista a los diversos hogares de las comunidades, la Santa Misa con la presencia de la Imagen de Nuestro Patrono, con sus ofrendas y pericones, luego se realizan actos culturales, con música, cantos, bailes típicos de la regios, comidas y bebidas sanas que nos permiten compartir y a la vez acercarnos a Dios Todo poderoso a Nuestro Patrono y a la comunidad en que vivimos para conocernos, compartir y reflexionar sobre nuestro contexto.(Prof. San Juan Materano)

A mi hondonada: Valle de San Juan Bautistas

En ocasión de esta expresión Divina y Mariana, que confluye un gran misterio de amor, alegría, soledad, sufrimiento, compasión y piedad, de la Santísima Virgen María en la advocación de la Dolorosa y que se manifiesta en lágrimas en sus glaucos ojos, al igual que María Magdalena, dándonos a entender a sus hijos que ella está presente en este valle de lágrimas y tierra de la amable libertad. Le dedico este acróstico.
Crecimiento de inmortal misterio Virgen María dolorosa y María Magdalena.
Allá en lontananza al Supremo hacedor Jesucristo.
Reciedumbre de amor piadosa, Madre Bienaventurada.
Amor de dulzura, tu templo Sanjuanero.
Conversión magnánima de tus hijos en procesión devota.
Horizonte y libertad, su mano te extiende, échanos la bendición.
Encuentro a tu divinidad, excelsa Ave María. (Teobaldo Morales)




ikea y oye Mi Cristo Roto


Publicaciòn autorizada en la web por:



Pbro Aly Saul Rondòn Gonsàlez
Parroco de Carache
Fuentes de Información:
Revista del Templo San Juan Bautista de Carache
Autor : Pbro Francisco Antonio Linarez (Aporte brindado para este sitio2009)
Discurso: Al Señor San Juan Bautista de Carache
Autor: Pbro José Magdaleno Alvarez B
Monólogo con mi Valle San Juan Bautista
Autor :Rodolfo Minumboc 1981
Agradecimientos especial por el apoyo brindado para la presente publicación:

Carmen Lola de Cañizales, Oscar Javier Orellano Useche, Mervin Oscar Fuentes Caldera, Ali Enmanuel Benítez Alvarez, Omar Diaz Cañizalez, Yoiver Alejandro Gonzalez Raga, Pbro Aly Saul Rondón

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